“Tenemos Derecho a Vínculos Familiares Libres de Violencia”

25 de Noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres /

Millones de mujeres y niñas en el mundo son víctimas de violencia por el sólo hecho de ser mujeres. Esa violencia está presente en todas las sociedades y no distingue entre clases sociales, culturas o etnias. Contrario sensu, el seno familiar alberga a los principales perpetradores.

La violencia contra las mujeres es la más extendida de las violencias, la más oculta e impune. Aunque sus manifestaciones difieren (violencia física, psicológica, sexual, económica, patrimonial y simbólica), se origina en la discriminación que niega a las mujeres la igualdad respecto de los hombres en todos los aspectos de la vida y ha establecido una desigual distribución del poder, de los recursos y las oportunidades en las sociedades y en el interior mismo de los hogares. Se origina en una división del mundo entre público y privado y en la asignación de valores diferentes a lo “femenino” de lo “masculino”.

Sus consecuencias son traumáticas para las víctimas. Se calcula que una de cada tres mujeres en el mundo es golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos a lo largo de su vida. Naciones Unidas informa que, cada 3 días, muere una mujer asesinada por alguien de su entorno familiar.

A diferencia de otras modalidades de violencia de género, la violencia intrafamiliar o doméstica, que tiene lugar “puertas adentro”, sobresale por el vínculo que une a sus protagonistas. En la enorme mayoría de los casos, existen o han existido lazos afectivos entre victimario y víctima. Las manifestaciones de violencia física, psicológica y sexual contra las mujeres por parte de su cónyuge o pareja, e incluso ex pareja, son propias de la cultura “machista” predominante en América Latina y en Argentina.

La información de diferentes áreas oficiales de nuestro país vinculadas a la problemática da cuenta de este fenómeno; los mismos datos sugieren que más que a la pobreza, está asociada a la ausencia de autonomía económica de las mujeres. Los golpeadores no lo son porque beban en exceso, ni por escasa instrucción o falta de recursos.

Esto es, la mayor vulnerabilidad femenina a la violencia descansa en la vigencia de la división sexual del trabajo que desvaloriza aquellas tareas tradicionalmente asignadas  a las mujeres:  las tareas domésticas y de cuidado, cuya importancia económica y social no está reconocida social ni económicamente a pesar de su contribución a la reproducción social y al bienestar de la población.
La Obra Social de las Amas de Casa, OSSACRA, estableció el Programa Cobijar y lo extendió a distintas obras sociales, porque la violencia constituye un problema de salud pública de primer nivel.

Tal como estableciéramos desde el Consejo Nacional de la Mujer en el 2004, la consigna “Que la violencia no nos sea familiar” sintetiza la voluntad de “desnaturalizar” la discriminación, y la violencia.

Este año, nuestro país ha dado un paso significativo con la sanción de la Ley de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales (Ley 26.485).

La remoción de los patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres requiere del compromiso de varones y mujeres.

Como muestra la Campaña del Lazo Blanco lanzada en 1991 por un grupo de hombres canadienses conmocionados por la llamada Tragedia de Montreal, en la que 14 mujeres jóvenes fueron brutalmente asesinadas en una Escuela de Ingeniería por un hombre que creía que las mujeres no tenían derecho a estar allí. Es necesario sensibilizar y comprometer también a los hombres a no ejercer violencia, a no permitir que otros lo hagan y a romper el silencio sobre el tema, modificando los modelos y comportamientos que están en la base de la violencia de género.

Eliminar la violencia contra las mujeres es una tarea de todos; erradicar los prejuicios que la originan una prioridad. Esa transformación cultural sólo es posible promoviendo la igualdad y el pleno ejercicio de los derechos humanos. Esta transformación sólo es posible haciendo visible y con derechos el invisibilizado mundo del hogar.

*Por Pimpi Colombo, Subsecretaría de Defensa del Consumidor de la Nación