Por Pimpi Colombo, Subsecretaria de Defensa del Consumidor* /
Tal vez muchos en Argentina no sabían lo que significaba que Néstor Kirchner entrara a la casa rosada en 2003 diciendo “no voy a dejar mis convicciones en la puerta”. Demasiado habíamos visto ya de lo contrario, como decía el general “subirse al caballo por la izquierda para descender por la derecha”.
Los próximos dos meses vamos a estar discutiendo en un proceso electoral, democrático, invitando al pueblo argentino a sostener con su voto lo conquistado en estos 6 años, rindiendo homenaje a nuestra memoria histórica.
“Este gobierno que ha hecho de la generación del trabajo y de la industrialización sus pilares, asegura que no se va a adoptar ninguna medida que disminuya las oportunidades laborales de nuestro pueblo. Hemos hecho lo posible y imposible para aumentar la calidad del empleo”, decía hace unos días la Presidenta.
No vamos a permitir que el interés de un sector –por lo demás suficientemente privilegiado y beneficiado por las políticas productivas, industrialistas, exportadoras- se imponga a la necesidad de asegurar la mesa y el trabajo de los argentinos.
Los porteños por nacimiento y los que vivimos en Buenos Aires por adopción sabemos muy bien de cuánto dolor y cuánta injusticia se esconde todavía detrás de las fachadas y los edificios más elegantes del país, cuánta pobreza todavía hay en casas ocupadas y villas de emergencia a pocos minutos de la city.
No existe en nuestra ciudad destino aparte del destino nacional. Excepto tal vez para una selectísima minoría que nació y vive de espaldas al país, genuinos herederos de esa Buenos Aires que quería separarse de los trece ranchos.
Quien crea que es posible el crecimiento y desarrollo porteño con un país en destrucción como el que ya vimos en 2001, ha perdido la memoria. Los que apuestan a una elección municipal especulando con la ocupación de bancas sin necesidad de discutir la política y el proyecto nacional se olvidan de que la única victoria que es posible conseguir es la que se logra con las convicciones.
Desde aquí, desde el corazón del poder financiero y cultural, podemos acompañar la batalla poniendo sobre el tapete los grandes temas: vamos por más y mejor empleo, vamos por más inclusión, más equidad territorial y de género, vamos por el fortalecimiento de la solidaridad intergeneracional.
Es necesario respaldar las políticas que nos permiten estar en mejores condiciones frente a la crisis del capitalismo de la especulación. Podemos aspirar a que la renta se distribuya equitativamente quebrando la historia de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Debemos mantener con obra pública, estímulo al consumo y financiamiento de la producción el círculo virtuoso de la economía real.
Nuestro país puede constituir un sistema de comunicación audiovisual moderno tecnológicamente y democrático cultural, organizacional y políticamente. De eso se trata el debate sobre un proyecto de ley de servicios audiovisuales que se esta llevando a cabo en distintos foros por todo el país y que permitirá más y diversos emisores al asegurar que un tercio de las licencias de televisión y radio serán para organizaciones de la comunidad sin fines de lucro, más trabajo para nuestros artistas al exigir un mínimo de producción nacional en radio y tevé y un mínimo de producción propia y de música nacional, cuota de pantalla para el cine argentino y fútbol gratis en televisión abierta. En síntesis democratización en las comunicaciones.
La democracia se fortalece cuando no se permite que el gobierno elegido por el pueblo sea extorsionado por los sectores económica y culturalmente más poderosos. El debate político en nuestra ciudad no es distinto del que llevan adelante argentinos y argentinas de cada una de las provincias, es el debate de cómo construir y profundizar las herramientas para combatir la exclusión, defender el empleo, la producción nacional y el derecho al consumo para nuestro pueblo.
*Publicada en Bae el 13 de mayo de 2009














